El pincel que altera la realidad. Su entorno se transforma, adquiriendo intensidad, vitalidad y personalidad. De repente, un derroche de flores surge frente a ella; es una señal de que una nueva etapa está por comenzar. Un remolino. La energía fluye sin cesar, desbordando emociones, fervor, poder y resolutividad. Finalmente, ella, en un acto de libertad, muerde una flor sin reparos. Un quiebre de cerámica y pétalos; su universo se desplaza y se transforma, en su interior y exterior, liberada de cualquier expectativa.